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La hipertensión suele pensarse como un número.
Pero en realidad, es el resultado de procesos que empiezan mucho antes.
Uno de los más importantes es el estrés oxidativo.
En condiciones normales, el cuerpo produce moléculas llamadas radicales libres. Son parte del metabolismo. El problema aparece cuando se acumulan en exceso y el organismo no logra equilibrarlos.
Ese desequilibrio puede afectar el funcionamiento de las células, incluyendo las que recubren los vasos sanguíneos.
Cuando los vasos pierden flexibilidad o capacidad de adaptación, el sistema circulatorio empieza a trabajar de forma menos eficiente.
Con el tiempo, eso puede contribuir al desarrollo de hipertensión.
No es algo que se perciba de inmediato. Es progresivo.
La prevención no empieza cuando aparece el diagnóstico. Empieza antes.
Algunos pilares básicos:
Son medidas simples, pero sostenidas en el tiempo hacen la diferencia.
Entender estos procesos permite cambiar el enfoque: no esperar a que el problema aparezca, sino actuar antes.
Porque muchas veces, lo más importante no es lo que se mide, sino lo que todavía no duele.
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