
Compartir
El Biohacking Human Experience 2026 no fue simplemente un congreso. Fue el encuentro más relevante de longevidad y optimización biológica de Latinoamérica, reuniendo a más de 20 referentes internacionales en epigenética, neurociencia, medicina funcional y performance humana.
En ese escenario regional de alto nivel, la ciencia argentina tuvo un reconocimiento central.
Tamara Rubilar, investigadora formada en el sistema científico nacional y fundadora de Promarine, recibió el premio Longevity City, distinción otorgada a quienes están construyendo el camino hacia ciudades más longevas, resilientes y conscientes de su salud.
No es un premio a un producto. Es un reconocimiento a un modelo.
La historia de Tamara no comenzó en un laboratorio corporativo.
A los 19 años se mudó a Puerto Madryn para estudiar Biología en la Universidad Nacional de la Patagonia. Lo que empezó como fascinación por ballenas y pingüinos derivó rápidamente en investigación científica. Desde sus primeros años se formó en química de organismos marinos, aprendiendo técnicas de extracción molecular poco frecuentes en la formación tradicional de un biólogo.
Ese cruce entre biología y química fue decisivo años después.
Cuando su segundo hijo nació con una enfermedad autoinmune poco frecuente, sin diagnóstico claro, con inflamación sistémica y tratamiento crónico con corticoides, la ciencia dejó de ser una carrera y se convirtió en herramienta.
Tamara hizo lo que hacen los científicos: investigó.
Revisó literatura, contactó inmunólogos, estudió antioxidantes, analizó el rol de la inflamación intestinal y la microbiota cuando aún no era un tema instalado en la conversación pública. Hasta que un paper en ruso cambió el rumbo: describía una molécula antioxidante capaz de modular el sistema inmunológico, extraída de erizos de mar.
Ella trabajaba con erizos.
Lo que siguió fue rigor, validación y proceso. Contacto con investigadores en Siberia, protocolos compartidos, certificación de moléculas, y una decisión ética basada en evidencia acumulada durante décadas en Rusia, donde estos compuestos ya se utilizaban como fármacos.
A los pocos meses de iniciar el protocolo antioxidante, los indicadores inflamatorios de su hijo comenzaron a mejorar. Con el tiempo, logró modular su enfermedad, reducir corticoides y construir una vida activa, consciente y saludable.
Hoy tiene 13 años. Juega al rugby. Y entiende el valor del autocuidado.
El premio Longevity City reconoce precisamente eso: a quienes traducen conocimiento científico en impacto social sostenible.
Promarine no nació como startup. Nació como investigación. Y evolucionó hacia un modelo que integra: biotecnología marina, nutrición celular basada en evidencia, acuicultura responsable, validación científica y regulatoria, y comunicación pública transparente.
En un Summit donde la longevidad se aborda desde datos, tecnología y prevención, la presencia de Tamara Rubilar consolidó algo clave: la Patagonia es origen estratégico.
La conversación sobre inflamación crónica, estrés oxidativo y salud celular ya no pertenece solo a congresos académicos. Está en la agenda pública.
Y la ciencia argentina no solo participa de esa conversación.
Está ayudando a redefinirla.
Categories