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Con el cambio de estación, el cuerpo entra en un proceso de adaptación.
Bajan las temperaturas, cambian las rutinas y aumentan los desafíos para el sistema inmune.
La buena noticia es que hay cosas simples que pueden ayudar.
El descanso es uno de los momentos en los que el cuerpo regula y repara.
Sostener horarios regulares puede tener más impacto que dormir muchas horas de forma desordenada.
No se trata de “comer más”, sino de comer mejor.
Alimentos con vitaminas, minerales y antioxidantes naturales ayudan a sostener las funciones del organismo.
Incluso en invierno, el cuerpo necesita actividad.
No hace falta intensidad extrema: la regularidad es lo que genera efecto.
El estrés crónico puede afectar múltiples sistemas, incluyendo el inmune, porque aumenta el cortisol en sangre y esto aumenta las especies reactivas de oxígeno (ROS), sinónimo de estrés oxidativo.
Generar pausas y momentos de recuperación también es parte del cuidado.
Un sistema que se construye (y cómo acompañarlo)
El sistema inmune no responde de un día para el otro.
Es el resultado de lo que hacemos de manera constante.
Por eso, más que buscar soluciones rápidas, lo importante es sostener hábitos que acompañen ese proceso.
En ese marco, también entra en juego cómo el organismo gestiona el estrés oxidativo.
Por eso, además de los hábitos, muchas personas incorporan antioxidantes específicos en su rutina.
Promarine desarrolla soluciones basadas en biotecnología marina, enfocadas en la salud celular con antioxidantes de alta eficiencia de absorción para combatir el estrés oxidativo del cuerpo, generado por los estresores ambientales..
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