Dormir, movernos y bajar el ritmo también son formas de cuidar nuestro bienestar cerebral. No se trata de hacer grandes cambios, sino de incorporar pequeñas pausas en una rutina que muchas veces no se detiene, lo cual es crucial para la salud de nuestro cerebro.
El 22 de julio se conmemoró el Día Mundial del Cerebro, que este año puso el foco en una idea fundamental: la salud cerebral debe ser accesible para todas las personas.
Cuando pensamos en cuidar nuestro cerebro, solemos imaginar actividades complejas, ejercicios mentales o grandes transformaciones en nuestro estilo de vida. Sin embargo, muchos de los hábitos que forman parte de nuestro bienestar general también contribuyen a cuidar la salud cerebral.
Descansar también es hacer algo
Vivimos rodeados de estímulos: mensajes, reuniones, pantallas, pendientes y notificaciones. Incluso cuando dejamos de trabajar, muchas veces seguimos conectados.
Hacer una pausa no significa necesariamente detener toda la actividad. Puede ser levantarse del escritorio, respirar unos minutos, salir a caminar, dejar el teléfono a un lado durante una comida o simplemente cambiar de ambiente.
Estos pequeños cortes ayudan a interrumpir el ritmo automático del día y a recuperar la atención antes de continuar.
El sueño no debería quedar para el final
Dormir suele ser lo primero que sacrificamos cuando sentimos que no llegamos con todo. Sin embargo, un descanso adecuado es uno de los pilares del bienestar físico y mental y también es esencial para el cuidado del cerebro.
Construir una rutina nocturna, disminuir el uso de pantallas antes de acostarnos y tratar de sostener horarios regulares son medidas sencillas que pueden favorecer un descanso de mejor calidad. Y este descanso permite liberar las hormonas fundamentales para nuestro bienestar, como la hormona de crecimiento humana, que se libera mientras dormimos.
No siempre podemos controlar cuántas horas dormimos, pero sí podemos empezar a crear mejores condiciones para ese momento.
Mover el cuerpo para cambiar el ritmo
La actividad física no tiene que ser intensa para formar parte de una rutina saludable. Caminar, estirar el cuerpo, bailar o elegir las escaleras también cuentan para mantener nuestro cerebro activo.
Moverse permite cambiar el foco, salir durante un momento de las pantallas y sumar una pausa activa al día. También ayuda a bajar el cortisol, que es la hormona del estrés. La clave no está en hacerlo de manera perfecta, sino en encontrar una forma de movimiento posible y sostenible.
Pequeños hábitos que se sostienen
Cuidar nuestro bienestar y el cerebro no debería convertirse en una nueva exigencia. A veces, empezar puede ser tan simple como preguntarnos: ¿cuándo fue la última vez que hice una pausa de verdad?
Tomar agua, alimentarnos de manera variada, mover el cuerpo, descansar y reservar momentos para los vínculos son decisiones cotidianas que, sostenidas en el tiempo, pueden hacer una diferencia en nuestro cerebro y bienestar.
Nuestro cerebro nos acompaña en cada pensamiento, movimiento y experiencia. Darle espacio para descansar también es una manera de cuidarnos.
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